Energía gastada
- llu cadizaycart@gmail.com

- 14 abr
- 2 min de lectura
Muchas veces, los sueños son predicciones de nuestro futuro.
Pero también pueden ser pensamientos intrusivos que se cuelan en nuestra cabeza para hacerse oír cuando no queremos que sean escuchados cuando estamos despiertos.
Muchas veces también están esos pensamientos que no llegan a poder convertirse en visibles mientras dormimos, pero están allí antes de que el dormir invada por completo nuestra mente, entonces es en ese momento donde se hacen oír.
Se reproducen en nuestra cabeza como una canción en la radio que no deja de sonar, y por muy poco que nos guste no podemos dejar de escuchar. Y es en ese momento de no poder alejarnos de estos, que nuestro cerebro empieza a imaginar diferentes escenarios, donde arrepentimientos o vergüenza se desvelan en nuestras ideas.
Nuestro descanso se ve afectado por todo este caos que se crea antes de poder descansar, y muchas veces estas situaciones se ven al final de un buen día, donde los pensamientos intrusivos no se han sentido escuchados, entonces aprovechan ese momento para destacar.
Es complicado deshacerse de ellos, de eso no tengo ninguna duda, pero se que tampoco es imposible. Y no es sencillo, aunque nos guste pensar lo contrario.
Muchas veces, con recordar buenos momentos de tu vida basta, pero hay veces que estos se ven deformados por malos momentos, entonces el problema se vuelve mayor, ya que no nos vemos capaces de poder arreglar el caos que se ha generado en nuestra mente.
Otros prefieren dejar la mente en blanco, y también suele funcionar, es como crear una barrera a todos esos pensamientos y poder descansar sin nada dentro de tu mente en un rato.
Pero en las murallas muchas veces se crean grietas, y con la presión justa, las malas ideas y los pensamientos intrusivos se cuelan dentro de nuestra cabeza cuando ven un espacio por donde pueden acceder.
Y luego se llega al insomnio, no poder descansar. Tus ojos no se cierran, pero lo desean, tu mente se siente cargada por no poder descansar bien, y te sientes como si el mundo se te fuera a caer encima en algún momento de la noche porque no tu cuerpo y tu mente no están trabajando al unísono en tu beneficio y eso juega malas pasadas.
Y después de estar sin dormir, miras el reloj y te das cuenta que para aprovechar el día tendrías que levantarte de la cama con la energía necesaria para comerte el mundo, pero la realidad es que llevas cuatro horas despierta sin saber que hacer y dando vueltas, que ya has gastado la energía necesaria y lo único que quieres hacer es quedarte en casa mientras el mundo corre fuera de las cuatro paredes donde te has encerrado.




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